• Los campesinos y sus familias no estaban exclusivamente dedicados a las labores agrícolas. Estas tareas exigían muchas veces unos suministros que tenían que ser importados desde los centros manufactureros o industriales, por lo que muchas veces se producían a pequeña escala en las propias localidades y en centros comarcales especializados. Estas producciones y servicios eran de lo más variado y cubrían desde la pequeña metalurgia, fabricación de carros, servicios de abogados, banqueros, agentes de tierras, etc. El crecimiento económico del XVIII dio un empujón a la diversificación de las ocupaciones rurales, promoviendo, de este modo, la especialización en actividades manufactureras o comerciales.

    Este fenómeno, aunque afectó a toda Europa occidental, fue especialmente importante en Inglaterra. Aquí, el aumento del nivel de vida de lo campesinos, sobre todo en el norte del país, condujo a un aumento de las ocupaciones no agrarias, destacándose las actividades relacionadas con el transporte, la construcción y las industrias de transformación. Incluso el consumo de productos que hasta entonces eran de lujo (te, café, cacao, azúcar, etc) se generalizó entre las clases campesinas.

    De todas las industrias de transformación agraria, la más importante fue, sin duda, la molinería de trigo y cereales panificables. Esta se realizaba mediante la acción hidráulica o la eólica. De hecho, todas las ciudades europeas se encontraban rodeadas por un cinturón de molinos, incluso había en los pueblos molinos locales, aunque mucho más pequeños.

    En Inglaterra el monopolio señorial de los molinos se mantuvo hasta el siglo XVII, mientras que en el continente se sostuvo hasta finales del XVIII y principios del XIX. La técnica no experimentó apenas cambios durante el período moderno. La fuerza del vapor se aplicó poco a la molinería. Se mantuvieron los tradicionales, pero eficaces, modelos.

    La industria de la piel era agraria en su origen, por se materia prima, y en su destino, por servir para la fabricación de útiles. Entre 1750 y 1850 era la segunda o tercera industria en Inglaterra y su localización estaba bastante concentrada.

    Destacable también era La fabricación de malta para cerveza. Esta consumía dos tercios de la producción inglesa de cebada. Por lo general era cultivada por pequeños agricultores como complemento a su actividad principal. Algo parecido ocurría con otras tareas como la cría de gusanos de seda, la primera hilaza de la fibra, la obtención de aceite o la elaboración de vino, aguardientes o aceite, actividades que no exigían una gran especialización industrial.

    La pequeña metalurgia rural no tuvo nunca demasiada importancia, debido a que los utensilios agrícolas eran de madera. Durante el siglo XIX se extendió el arado metálico Rotherham. Su popularización hizo decaer la herrería tradicional en beneficio de fundiciones de mayor escala que vendían su producción en toda Inglaterra.

    El desarrollo de estas actividades manufactureras rurales no tuvo, finalmente, ninguna relación con la industrialización, debido a su elevada dependencia de la producción agrícola. Más bien, estuvo relacionado con la desindustrialización de algunas áreas, como ocurrió en el sur de Inglaterra.