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El papel de la tecnología en la Revolución Agrícola fue escaso. La única máquina cuya aportación real puede señalarse es la trilladora mecánica a vapor. Sin embargo, las transformaciones agrarias consiguieron sostener un aumento importante de la población, sin apenas aumentar la superficie cultivada. Esto fue posible gracias a la eliminación del barbecho, conseguida con lageneralización de la alternancia entre la tierra arable y la dedicada al pasto, en vez de la tradicional división permanente entre ambas. De este modo, se logró romper con el círculo vicioso en el que el aumento de la cabaña ganadera suponía la reducción de las tierras de cultivo y a la inversa. Convertir en una realidad el “círculo virtuoso” no fue un mérito exclusivo de Inglaterra, pero su particularidad fue su escala y su integración en un proceso de crecimiento económico sostenido.

Los orígenes de la agricultura convertible se remontan al siglo XVI, aunque el proceso de cercamientos se inició en época medieval. La introducción del trébol, el nabo y otras forrajeras es del XVII. Por otro lado, el nivel de diferenciación social y concentración de la propiedad estaban muy avanzados en el XVIII.

El proceso de los cercamientos afectó a las tierras de cultivo y, también, a las comunales, los terrenos pantanosos y los bosques. La superficie de tierra ganada para el cultivo llegó hasta un 25% de tierra cultivada. En cuanto al aumento de los rendimientos, se sabe que entre 1700 y 1820 la producción de cereales se incrementó aproximadamente un 43%, esto es menos que lo que creció la población en el mismo período. En esto hay que tener en cuenta el cambio de hábitos alimenticios de los ingleses que aumentaron su ración de carne y lácteos.

La innovación fundamental fue la introducción de rotaciones de cultivos flexibles que incorporaron leguminosas, pratenses y raíces aumentando así los forrajes, la ganadería y los abonos. Existían dos variantes:

  • La agricultura convertible (convertible husbandry), practicada en los suelos más pesados. No usaba, por lo general, el nabo; los pastos, de diferentes tipos de hierba, alfalfa o trébol, se mantenían varios años hasta que se deterioraba la calidad por agotamiento de la tierra, pasándose, más tarde, al cultivo de cereal durante 3 años. En ocasiones cereal y pratenses se cultivaban alternados (ley farming).
  • La agricultura alternante (alternate husbandry) o sistema de Norfolk, estaba adaptado a suelos ligeros. Más estricta, los cultivos de forraes y cereal se sucedían en rotación anual durante 4 años (trigo en el primero, tubérculos forrajeros el segundo año, cebada o avena el tercero y, finalmente, alfalfa o trébol (ley farming). A pesar de su rigidez, parece que había variantes locales de este sistema, algunas de seis años.

Las pratenses proporcionaban forraje y nitrógeno al suelo.

De esta manera la producción se diversificó y aumentó al desaparecer o retroceder los barbechos pero las innovaciones no se difundieron de forma general:

Por el oeste y en los Midlands se extendieron prados regados permanentemente, sin embargo se trató de pequeños regadíos.

Las innovaciones no se difundieron por toda Inglaterra, de hecho, la mayoría de los campesinos se ancló en la tradición. Por el contrario, los medianos y grandes terratenientes, con propiedades compactas y libres de servidumbres, sí se arriesgaron con la nueva agricultura.

Los medianos y grandes terratenientes, con propiedades compactas, libres de servidumbres colectivas merced a la política de cercamientos si adoptaron los nuevos métodos aunque la rotación Norfolk no se generalizó hasta 1830, gracias a los nuevos fertilizantes (huesos molidos y, especialmente, el guano).

El drenaje de tierras húmedas sólo fue resuelto en la cuarta década del XIX. El instrumental agrario continuó siendo tradicional. Sólo a partir del siglo XVIII se difundió, realmente, el arado Rotherham. La sembradora de Jethro Tull extendió con dificultad. La segadora mecánica de MacCormick se difundió, aún más tarde, en la segunda mitad del XIX. La única máquina que de verdad se popularizo fue la trilladora de Andrex Meikle.

Las técnicas de selección artificial de razas ganaderas progresaron notablemente en el siglo XVIII, distinguiéndose la cabaña ovina dirigida más hacia la producción de carne que hacia la de lana. Igualmente se mejoró la bovina cruzando las razas del país con las holandesas que proporcionaban más leche.

Tanto en Inglaterra como en el continente las publicaciones agronómicas no tuvieron gran repercusión para la agricultura. Las obras más leídas eran aquellas con una orientación más práctica, como las de William Ellis autor de The Modern Husbandman or Practice of Farming y la popular obraBaxter´s Librari of Agricultural and Hoticultural Knowledge.

También aquí proliferaron las sociedades agrarias, algunas de ámbito estatal pero la mayoría locales y formadas por miembros de la alta nobleza y la gentry. Un ejemplo de la participación de la élite es el Board of Agriculture, dedicado a la elaboración de informes regionales. Más repercusión tuvieron los periódicos agrarios.

Los cercamientos

Con el nombre de cercamientos o enclosures se llama al proceso que transformó los métodos agrícolas tradicionales, fundados en la cooperación y en el cultivo organizado de base comunitaria en un sistema individualista, en que cada explotación estaba separada físicamente de las vecinas. Este proceso tenía un origen medieval, pero los hechos anteriores al siglo XVIII son poco conocidos.

Hay desacuerdo entre los autores sobre el alcance de los cercamientos. Por ejemplo, Kerridge sostiene que, hacia 1700, el 75% de la tierra cultivable de Inglaterra y Gales estaba cercada. Otros, como Chambers y Mingay rebajan considerablemente esta proporción hasta la mitad.

Desde 1760, más o menos, los interesados acudieron de forma creciente al Parlamento. Este procedimiento tenía como ventajas la posibilidad de cercar de una vez todas las tierras del término, comunales y baldíos incluidos, y además, otorgaba al cercado sanción legal. El procedimiento era, ciertamente, complejo.

Los elevados costes de las operaciones necesarias para cercar unas tierras eran sufragados proporcionalmente por los interesados.

Otro de los problemas lo constituían los derechos de los ocupantes ilegales o semilegales, de tierras roturadas en los baldíos o en los bosques. A estos squatters les eran reconocidos, normalmente, la propiedad de los terrenos ocupados sin oposición durante al menos 20 años. También solía destinarse una superficie, administrada por el municipio, para beneficencia.

El objetivo de grandes y medianos propietarios era conseguir propiedades consolidadas y eficientes, liberadas de las servidumbres colectivas, en las que introducir con libertad los nuevos métodos agrarios. En las tierras más pobres no había interés en costear los gastos del proceso de cercamiento. En las tierras más fértiles los propietarios lograron duplicar e incluso cuadruplicar las rentas.

Los grandes perjudicados fueron los pequeños campesinos, asalariados y squatters; los primeros no pudieron afrontar los gastos de la operación, hubo quienes tuvieron que hipotecarse. Otros muchos se convirtieron en arrendatarios o en jornaleros (cottagers) con o sin tierra. Sin embargo, aunque la pequeña propiedad descendió sensiblemente, no llegó a desaparecer totalmente.

Aunque los cercamientos fueron un factor importante en el proceso de diferenciación social del campo inglés, no fue el único. La concentración de tierras precedió a las enclosures, pero los cercamientos las aumentaron. Hay división de opiniones entre los historiadores ingleses entre los que estiman que fue un proceso negativo condenando a muchos campesinos a la proletarización, mientras que otros creen que los perjuicios de los cercamientos fueron compensados por el aumento de la demanda de trabajo asalariado que generó la nueva agricultura. En las otras áreas los cercamientos no supieron un problema y el empobrecimiento general se podía deber al incremento de población.

Hoy se cree que la experimentación e innovación fue obra de gentlemen rurales y arrendatarios ilustrados. La disponibilidad de arrendatarios solventes y eficientes era esencial por lo que se les solía dar condiciones ventajosas. Los arriendos solían ser largos, con lo que se incentivaban la inversión y el progreso. Aún así se consideraban inadecuadas las cesiones perpetuas o muy prolongadas (leases for lives).

Agricultura y mercado

La elevada especialización regional alcanzada hacia 1720 delata que la agricultura inglesa estaba integrada, perfectamente, en el mercado. Los bajos precios del grano en la primera mitad del XVIII lanzaron la nueva agricultura y su diversificación de la producción, también a favor de la ganadería.

Inglaterra a partir de 1760 fue deficitaria de cereal, sin embargo, han de tenerse en cuenta el cambio en la producción orientado por un cambio en los gustos alimenticios ante la mejora del nivel de vida. La importación de grano fue escasa, salvo en época de carestía.

Las Corn Laws llegaron a prohibir las exportaciones, pero desde finales del XVIII la tendencia fue a gravar las importaciones. En general, el movimiento de los precios fue moderado, de hecho, en Inglaterra no se vivió las dramáticas situaciones de las crisis de subsistencia del continente.

Con el aumento de la población urbana se incrementó la demanda de las ciudades. Ésta, unida a la de los centros industriales dinamizó el mercado interior inglés. El de los granos presentaba pocas diferencias locales de precios. Menos integrado estaba el de los productos ganaderos (carne y lácteos) y otros productos perecederos (verduras y frutas). En este último caso los propios campesinos eran los agentes del mercado. Los cereales y la ganadería estaban controlados por los grandes productores y una compleja trama de comerciantes, tratante y middlemen.

Aunque la red viaria británica era deficiente, sólo planteaba problemas para los productos muy pesados y de poco valor. Entre 1815 y 1845 se efectuaron obras de mejora en estas vías. Por otro lado, las redes fluviales eran muy buenas. Los canales se construyeron para servir a la industria, con la excepción del canal de Ellesmere.

El debate en torno a la Revolución Agrícola inglesa

Existe una intensa dialéctica sobre la Revolución Agrícola ingles, especialmente sobre su cronología. Mientras que algunos la sitúan en la segunda mitad del siglo XVIII y primera mitad del XIX (desde Portero hasta Chambers y Mingay), otros pinan que fue anterior y la ubican en torno a 1650-1750 (E. L. Jones). Hay incluso quienes la datan entre 1560 y 1673 (Eric Kerridge).

La historiografía actual es reticente a usar el término “revolución” para calificar unos cambios que, en realidad, no fueron tan revolucionarios. Incluso Mingay ha modificado su postura y sostiene que es inadmisible hablar de “revolución agrícola”. Para él esta expresión sólo sería válida para las últimas décadas del siglo XX. Los cambios en el sistema agrario del Antiguo Régimen fueron inducidos por más factores que los agrarios, especialmente el crecimiento demográfico.

Mingay añade, además, algunas deficiencias:

  • Técnicas de drenaje ineficaces.
  • Desconocimiento de las causas de epizootias y plagas.
  • Utilización limitada de nuevos fertilizantes.

No se puede achacar únicamente a los cercamientos el hecho de que a mediados del XVIII el 85% del territorio cultivable fuera explotado por arrendatarios, sino que era el resultado de un proceso de concentración de la propiedad más complejo. Tampoco se puede decir que los cercamientos condujeron a un aumento de las explotaciones ni a la instauración de un modelo de agricultura capitalista. Es significativo que tanto en Inglaterra como en Gales hubiera muchos granjeros que no empleaban en absoluto mano de obra asalariada y, si lo hacían, raramente empleaban más de dos o tres jornaleros.

Hay autores, como Morineau, que van más allá. El francés defiende la inexistencia de una revolución agrícola en Inglaterra, incluso dice que los rendimientos de los cultivos ingleses son equiparables a los de la Francia del noroeste. Según él, La Revolución Agrícola inglesa no es más que un accidente historiográfico. Sin embargo, los historiadores ingleses le contradicen y afirman que los rendimientos agrarios sí que crecieron.

Recientemente Mark Overton ha señalado que el cambio agrícola fue demasiado continuo y variado como para distinguir alguna de sus etapas como la Revolución agrícola por excelencia. También llama la atención sobre las discrepancias sobre la cronología como resultado de distintos métodos de estudio: los que maneja magnitudes agregadas sitúan la revolución agrícola en la primera mitad del XVIII, mientras que los estudios desagregados de base local la sitúan con anterioridad a esta fecha.
A la luz de los datos vemos que el aumento de los rendimientos fue constante pero débil hasta 1801. Esto se debió al aumento de la superficie cultivada.

Las innovaciones tecnológicas, especialmente las nuevas rotaciones, no tuvieron gran importancia con anterioridad a 1750.

Overton ha distinguido cuatro grandes etapas en el proceso de cambio agrícola:

  1. Antes de 1650 aumentaron tanto la superficie cultivada como los rendimientos de los cereales, pero no la productividad del trabajo hasta los años treinta y cuarenta del XVII.
  2. Entre 1650 y 1750 se generalizaron nuevos cultivos pero en cantidad insuficiente para hacerse notar en los rendimientos. El aumento de producción pudo deberse a los efectos de la especialización regional y local más que al cambio tecnológico.
  3. Con posterioridad a 1750 disminuyó la producción agrícola por la conversión de tierras en pastos. Desde inicios del XIX aumentó la superficie destinada al cereal en las tierras cercadas pero los rendimientos no lo hicieron al roturarse tierras marginales. Paralelamente la productividad del trabajo creció debido a la introducción de nuevas tecnologías.
  4. Desde 1830 los rendimientos crecieron notablemente enlazando con la agricultura mecanizada y química o high farming de mediados del XIX. La extensión de rotaciones y cultivos se disparó igualmente.

Es un hecho que para 1830 la agricultura inglesa tenía ya una estructura capitalista.

ARTÍCULO BASADO EN: ARDIT LUCAS, M.: Agricultura y crecimiento económico en la Europa Occidental Moderna. Madrid, Síntesis, 1992

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